Dejamos Nueva York sólo por un día para acercarnos a la capital del país. Y nada mejor para un día de palizón máximo que un madrugón a la altura al día siguiente. Aunque aquí sarna con gusto picó un poco, Washington nos esperaba a sólo unas 4 horas y media en autobús. ¡Qué ganas! Nos levantamos a las 4:00 para estar a las 6:00 en la parada y esperar a nuestro Megabus. Megabus, esa empresa que ofrece viajes por el país en autobús a precio mínimo; en nuestro caso, 24€ los dos ida y vuelta a Washington. O lo que es lo mismo, 5 dólares el trayecto por persona (más gastos de gestión). ¡Parece de broma cuando aquí un Madrid-Burgos-Madrid sale por 30€/persona! Esto de trasladarte a una ciudad "cercana" es buena idea si se va a estar en EE.UU. más de una semana, ¡por lo que sale!
Llegamos cerca de las 11:00 a Union Station, algo alejada del centro pero no impracticable....para aquellos que no quieren morir jóvenes, ya lo veréis más adelante. Nos tomamos un café y empieza nuestro tour: vamos a la Corte Suprema de los Estados Unidos, la Biblioteca del Congreso, y el Capitolio, ubicado justo enfrente de los primeros edificios citados. Una auténticaputad.. pena que la cúpula estuviera en obras y encima haber perdido la oportunidad de asistir a una visita guiada gratuita por no haberla pedido con tiempo (lo miramos unas semanas antes, pero irónicamente creo que hay que pedirla incluso antes de que sepas que vas a ir). En fin, primer tip del día: para estas cosas, hay que ser muy previsor. Igualmente, el Capitolio es espectacular y muy imponente, así como el entorno elegante en el que se ubica.
Llegamos cerca de las 11:00 a Union Station, algo alejada del centro pero no impracticable....para aquellos que no quieren morir jóvenes, ya lo veréis más adelante. Nos tomamos un café y empieza nuestro tour: vamos a la Corte Suprema de los Estados Unidos, la Biblioteca del Congreso, y el Capitolio, ubicado justo enfrente de los primeros edificios citados. Una auténtica
| Biblioteca del Congreso |
| Jorge como la Justicia, en el Tribunal Supremo |
Lo primero que observé en esta ciudad es que las distancias son tremendamente largas y todo es grande y amplio....monumental, obviamente. Eso hace que la visita sea un poco costosa y quieras tumbarte y llorar en alguna acera de vez en cuando. Segundo tip del día, si vas a Washington, ¡ve bien desayunado cuanto menos!
Hacemos entrada en el National Mall, una larga zona de jardines que va
desde el Capitolio hasta el Monumento a Lincoln, y en la que
encontraréis, entre otros monumentos y museos, la National Gallery de
Washington. Esa fue nuestra siguiente parada, después de discutir entre
nosotros por ver si era el edificio West o el East. Vale, si queréis ver
la colección clásica del museo, id al West. El otro es la parte de arte
contemporáneo y exposiciones temporales, el cual me quedé sin ver por
falta de tiempo y ganas (yo quería, pero bueno, Jorge iba a experimentar
mucho arte contemporáneo en los días venideros).
Una vez en el museo, me di cuenta de otro error aquel día: haber llevado una cantidad absurda de cosas en un bolso normal. El señor vigilante que revisó mi bolso se sorprendió al comprobar lo que pesaba e hizo alguna broma con su compañero, no sin decirme con cierta preocupación: "you're gonna hurt your back". Lo sé, señor, soy una ridícula. Y efectivamente, ese día empecé a notar como si miles de agujas me penetraran los músculos. Un placer. Tercer tip del día: si vas a estar caminando todo el día, lleva una mochila y cárgala con lo menos posible. Dos interraíles a mis espaldas (y nunca mejor dicho) y parezco nueva, de verdad.
El museo es una auténtica pasada, para qué mentiros, y encima for free, o sea gratis. Aunque pueda parecer masoca, me encanta visitar museos cuando viajo. Observar las diferencias y las similitudes con aquel en el que trabajo. La colección es inabarcable para sólo un par de horas, pero puedes ver lo fundamental, sin dejar de ver highlights como estos:
Una vez en el museo, me di cuenta de otro error aquel día: haber llevado una cantidad absurda de cosas en un bolso normal. El señor vigilante que revisó mi bolso se sorprendió al comprobar lo que pesaba e hizo alguna broma con su compañero, no sin decirme con cierta preocupación: "you're gonna hurt your back". Lo sé, señor, soy una ridícula. Y efectivamente, ese día empecé a notar como si miles de agujas me penetraran los músculos. Un placer. Tercer tip del día: si vas a estar caminando todo el día, lleva una mochila y cárgala con lo menos posible. Dos interraíles a mis espaldas (y nunca mejor dicho) y parezco nueva, de verdad.
El museo es una auténtica pasada, para qué mentiros, y encima for free, o sea gratis. Aunque pueda parecer masoca, me encanta visitar museos cuando viajo. Observar las diferencias y las similitudes con aquel en el que trabajo. La colección es inabarcable para sólo un par de horas, pero puedes ver lo fundamental, sin dejar de ver highlights como estos:
![]() |
| Leonardo Da Vinci, Retrato de Ginebra de Benci, 1474-76 |
![]() |
| Murillo, Joven y su dueña, 1670 |
Salimos del museo y continuamos por el National Mall. Unas fotos con el monumento a George Washington - el obelisco a los pies del Reflecting Pool, al otro lado del monumento a Lincoln- y paramos por la White House, la morada del presidente de Estados Unidos, el señor Obama hasta nueva orden. Sorprende la aparente accesibilidad, ¡pero atrévete a acercarte!
| The White House |
No podíamos más, así que decidimos que aunque sólo fuera la 1, era la hora perfecta para comer. Jorge sabía de un sitio fantástico en Georgetown, el Johnny Rocket, pero estaba cerrado, no sabemos si sólo ese día o de manera permanente. Así que fuimos a Bertucci's, un italiano ubicado en el 2000 de Pennsylvania Avenue, al lado del otro. Aquí he de indicar el cuarto tip del día: nunca pedir Coca Cola de grifo en Estados Unidos. Es repugnante.
"Venga, levántate que hay que seguir" - "¿No puedo quedarme con este café en esta silla para siempre?". Dolor de pies extremo. Ah sí, quinto tip del día: no seas tan gili...mema de ponerte unas zapas con cuña si vas a estar caminando durante horas...POR WASHINGTON. Bueno o por donde sea. Quedaron desterradas para el resto del viaje una vez en casa.
Nos movíamos en la zona de Georgetown, peculiar cuanto menos, cuando ¡Oh! ¡Es Einstein! Sí, amigos, hay un monumento al físico Albert Einstein en Washington. El mismo Einstein hecho bronce, sentado con un cuaderno lleno de anotaciones y su famosa fórmula de la relatividad. Y para nuestra sorpresa, sin apenas gente esperando para hacer la foto de rigor. Justo al lado de la figura hay un cartel en el que te animan a que te hagas un selfie y lo subas a Twitter con el hashtag #PhotosWithAlbert, y ahí que fuimos, claro. Que nos gusta un selfie, oye.
| Jorge con el señor Einstein |
Después vimos el Monumento a los Veteranos de la Guerra de Vietnam, y seguidamente al Lincoln Monument. Sin palabras. Es increíble el orgullo que muestra este país por su Historia y sus protagonistas. Aunque no es desconocido para casi nadie el profundo patriotismo de los estadounidenses. El edificio recuerda a los templos dóricos griegos, rodeado por 36 columnas. Subiendo una amplia escalinata, ahí está Lincoln sentado, presidiendo el National Mall desde su asiento, detrás del cual se pueden leer dos de sus discursos más importantes. Flipante.
| Monumento a los Veteranos de la Guerra de Vietnam |
| Lincoln observando desde su memorial |
Después de pegarnos con los miles de turistas, y ya no sólo con ellos, sino con los miles de estudiantes que venían en grupo con sus profesores a visitar la capital de su país, nos quedamos observando el estanque, el que ya he citado anteriormente, Reflecting Pool, ahora con el obelisco al fondo. Cada vez necesitábamos descansar más a menudo, y con ese fondo era imposible no caer en la tentación. Es una estampa realmente conmovedora.
| Reflecting Pool y el monumento a G. Washington, desde el Monumento a Lincoln |
A mí no dejaban de sorprenderme las distancias..."ahora hay que volver
hasta allí para ir al autobús? - "Sí, pero aún nos quedan más cosas,
¿eh?"... "¿Cómorrr?". Unas semanas después pillé en la tele el comienzo de la película Capitán América: Soldado de Invierno, que
comienza con el super-héroe corriendo varias veces alrededor del
estanque como si nada, sin movérsele un pelo. En ese momento me di
cuenta de por qué es el Capitán América. (Os dejo el vídeo, sólo por ver el escenario merece la pena..., a algunas también por ver a Chris Evans, ¿no?)
Tras visitar el monumento a Martin Luther King y el dedicado a los Veteranos de la Guerra de Corea (IN-CRE-IBLE, fotos más abajo), procedemos a ir hasta el monumento a Jefferson. En la foto me veréis super-happy-flower, pero estaba pensando que si tenía que ir hasta allí me iban a tener que llevar...pero en ambulancia. Pero oye, estás en Washington y sacas fuerzas de donde sea. Fuimos por un caminito de tierra absurdo de lo estrecho que era. Y eso no sería un problema si no fuera porque estaba al borde del río Potomac, sin barandillas ni nada. Y si aparecía uno de esos ciclistas del infierno igual tenías que tirarte al agua, pero vamos, sólo me preocupaba por eso, ¿eh? Por eso y porque como había llovido un poco los días anteriores, la tierra estaba mojada y se había convertido en barro con charcos. Mis zapas con cuña lo agradecieron mucho, concretamente a Jorge, que fue el de la idea brillante. Pero bueno, la verdad, las vistas desde el camino son espectaculares. Ir viendo como te acercas al monumento es una experiencia muy muy chula.
| Parte del Monumento a los veteranos de la Guerra de Corea |
| Jorge con el señor Luther King |
| Monumento a Jefferson de fondo, y mi cara de "harta pero feliz". Foto tomada en un puente antes del camino de tierra |
| Monumento a Jefferson |
Una vez allí se te van todos los males. El monumento arquitectónicamente es una maravilla; de estilo neoclásico, de planta circular, con una escalinata de mármol, una cúpula, y un pórtico, rodeado de columnas. En el interior, el señor Jefferson, de pie, a diferencia de Lincoln. Y las vistas...decididamente, la paliza merecía la pena. En la zona del basamento, en el interior, podías ver vídeos y paneles acerca de la vida del presidente, recordado por redactar la Declaración de Independencia (sí, esa del 4 de julio y tal), y de la historia del edificio, todo muy didáctico. También hay una tienda de souvenirs, claro, en la que compramos un imán y nos dieron de vuelta, previo aviso, un billete de 2$, que es bastante raro de encontrar. Jorge se lo adjudicó para su colección, y tan contento.
Queríamos ver también el cementerio militar de Arlington, el de las pelis, y el monumento de Iwo Jima (Alzando la bandera en Iwo Jima), pero se acercaba la hora de marchar. Nos quedaban casi 45 minutos de camino de vuelta al autobús, y yo quería morir. El cansancio había sobrepasado a mis pies y había llegado a mi estómago. Doblada, y casi sin fuerzas, me mentalicé de que había que darlo todo una vez más, sólo un pequeño esfuerzo más. Creo que esa vuelta ha sido de los momentos más desesperantes de mi vida, pero intentas mentalizarte de que merece la pena, y es verdad que sí, lo merece. Sexto tip del día: no seais idiotas, o más bien, ratas, ¡y coged un taxi!


Nosotros haremos algo parecido!
ResponderEliminarSiguiendo los tips, sin problema! jajaja. Es una buenísima idea, en serio. ¿Washington también? Nosotros dudamos entre Washington y Boston...
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