lunes, 4 de julio de 2016

Esto es Nueva York, la ciudad a mis pies

¡Buenos días! A pesar del palizón de Washington, esa mañana me levanté con especial ilusión...¡íbamos a ir al MoMA! Lo que para algunos es una visita nada imprescindible, para mí este lugar era uno de los "no-sacrificables". 
There we gooo!
El Museo de Arte Moderno (Museum of Modern Art) es un edificio modesto y discreto en 11 W 53rd St, nada ostentoso, así que no te guíes buscando algo que llame la atención. Pero que eso no te engañe, dentro esconde algunas de las mayores joyas del arte contemporáneo. 

De las seis plantas, sólo la cuarta y la quinta son galerías de la colección permanente, el resto se dedican a albergar exposiciones especiales. En la planta baja están las taquillas, guardarropa (casi obligatorio), Información, Audioguías...vamos, lo típico de los museos, pero con una excepción: ¡un jardín de esculturas! Empezamos por arriba del todo, donde encontramos, así, nada más empezar, las Latas de sopa Campbell (1962), del gran Andy Warhol, uno de los máximos referentes del arte Pop originado en los años 60. Y a partir de ahí, todo fue un no parar de alucinar, de emocionarme, de admirar las obras de artistas como Van Gogh, Klimt, Magritte, Rauschenberg, Pollock, Duchamp, Oldenbourg, Yves Klein, Frida Kahlo, Georgia O'Keefe, Edward Hopper, Andrew Wyeth, Salvador Dalí...y cómo no, Picasso y sus Señoritas de Avignon (1907), obra que marcó la transición al cubismo. 

Les demoiselles d'Avignon de Picasso (1907) tiene muchos fans
 
Latas de sopa Campbell, de Andy Warhol (1962)

La rueda encima del taburete, que decía Jorge.
Nombre real: Rueda de bicicleta (tercera versión), de Marcel Duchamp (1903)
 
Christina's World, de Andrew Wyeth (1948)

Casa junto al ferrocarril, de Edward Hopper (1925).
Hitchcock se inspiró en esta pintura para la casa de Norman Bates en Psicosis

Floor cone, de Claes Oldenburg (1962)


Iba yo disfrutando de todas estas maravillas cuando veo a un personaje harto peculiar, ataviado con una corbata "escultórica", esto es, como si se hubiera petrificado una vez el viento la hubiera levantado (no os preocupéis, os adjunto foto). Lleva un letrerito con su nombre en la solapa e intento agudizar mi disminuida visión (a pesar de las gafas) para conseguir leerlo...¿Quién era ese extraño hombre...? ¡Alexander Lynx! Este señor es un reconocido artista estadounidense, pintor y escultor, aunque yo creo que su mejor obra es él mismo. Y ahí estaba, paséandose por el MoMA, museo que debe de considerar su segunda casa.

Os presento al señor Lynx, muy propio
(La foto no es mía, aviso)
Jorge lo disfrutó, a su manera, de muchas cosas, principalmente de todo aquello que se hizo antes de 1950: odia a Jackson Pollock. Tuve que soportar los pertinentes comentarios cuando vimos ciertas obras, derivados de un evidente desconocimiento y de esa incompresión general de esa masa no adentrada en la materia: "Es una rueda sobre una silla", "Eso lo encuentras en cualquier vertedero", etc., etc... Es decir: todo eso que dicen los que no tienen ni pajolera idea. Pero no les culpo. Vamos a ver, que a mí también a veces los artistas me lo ponen difícil y me quedo sin argumentos. Pero bueno, aún así, después de ver todo esto, ¿se me veía feliz o no? Jejeje. 

Nada feliz al salir del MoMA

Tras el museo, paseamos un poco por la ciudad. No sé si lo he dicho ya, seguro que sí, pero en Nueva York todo resulta tan familiar, como si lo hubieras visto miles de veces...Y es que, en efecto, así es. Fuimos a Tiffany's, pero no preguntamos, como ya hizo la señorita Golightly, qué era lo más barato de la tienda. Pasamos por el Hotel Plaza, hicimos fotos, y fuimos a Columbus Circle...e hicimos fotos. ¡Madre mía que hambre! Nos esperaba la segunda hamburguesa del viaje. ¡Vamos allá, Burger Joint!

Este restaurante se encuentra dentro del hotel Le Parker Meridien, tras una discreta cortina roja en donde siempre suele haber cola. El sitio es muuuy pequeño por tanto el sistema es sencillo: haces cola, pides, comes y te vas sin hacer sobremesa. Ese es el ritmo. Es ideal para viajeros o aquellos que quieren tomarse algo rápido y muuuuy rico. La hamburguesa no es de las que mejor pinta tienen, pero es DE-LI-CIO-SA! Para mí fue una de las mejores, si no la mejor. La decoración es muy auténtica, incluso tanto que diría que con los años la decoración ha corrido a cuenta de los propios consumidores, ya que no es raro encontrar pintadas e inscripciones a bolígrafo. Un fundamental. 

Burger Joint
Burger Joint tiene una decoración muy personal



Después de casi salir rodando de allí, decidimos así improvisadamente ir al Top of the Rock, el rascacielos, el edificio Rockefeller. Eran como las 15:30 o por ahí, y no había nadie en la cola. Sin embargo, nos daban entradas para una hora después, así que lo pillamos y aprovechamos a visitar cosas de alrededor, como por ejemplo, Rockefeller Center, 1, 2, 3, responda otra vez: Rockefeller Center, Catedral de St Patrick's, la tienda Lego, la escultura de Atlas sujetando la Tierra, o la piscina de Van Gogh...sí, bueno, dejemos el juego. Esto último era una piscina con forma de oreja, llamada "La oreja de Van Gogh". Yo tampoco lo entendí. 

El cartel, y debajo de esta imagen, la piscina



Hotel Plaza
Rockefeller Center

Rockefeller Center

Escaparate de la tienda Lego. ¡Es como buscar a Wally!

Interior de St. Patrick's
Atlas, justo enfrente de St. Patrick's

La catedral de St Patricks: una maravilla, digna de ser visitada por dentro y por fuera; la tienda Lego: tiene su gracia, está bastante currada y pasas un buen rato; el Rockefeller Center: ¡fundamental! Es centro de muchos eventos, y es el lugar donde ponen la famosa pista de hielo en Navidad. 

¡Llega la hora! Entramos al Top of the Rock y, tras los controles de rigor y un posado para una foto, nos toca hacer un poco de cola. Pero esto se hace corto ya que hay un par de chicos con muucho flow y muy enrollados que empiezan a hablar contigo y te hacen bromas; lo primero que preguntan, "Where are you from?", y a partir de ahí tienen carta blanca para hacer cualquier chascarrillo. Por fin, entramos en el ascensor: "Bea, mira hacia arriba". El techo era de cristal y a medida que subías iba cambiando de color, ¡molaba! Llegas, y, tras intentar desentaponar los oídos, admiras las maravillosas vistas. Dicen que es mejor ir al Top of the Rock de día porque desde ahí puedes ver todo Central Park, y la verdad es que pocas veces he visto algo tan espectacular. Esto es Nueva York, la ciudad a mis pies. Los taxis son como pequeñas hormigas amarillas y las personas como granitos de arena. Es el lugar perfecto para hacer fotos al Empire State, y creedme que el escenario es muy propicio para hacer fotos maravillosas (a la par que típicas). 

Central Park desde las alturas

Esta ciudad tiene esa magia que te permite hacer fotos como esta

¡Mi sueño, cumplido!

Parece sacada de cualquier película, pero no, es mía

Después de tal subidón, volvemos a poner los pies en el suelo y vamos a la tienda Microsoft a cumplir uno de los caprichos del nene: comprarse la Microsoft Band 2, aún no disponible en España y a un precio más asequible del que tendrá cuando la traigan. Es un aparato que además de la hora, te avisa de las notificaciones del móvil, te controla el pulso, los pasos y hasta el ciclo del sueño...¡unas cosas! Una vez adquirido, nos vamos a casa a cambiarnos porque esa noche nos esperaba uno de los musicales más míticos de Broadway: The Phantom of the Opera!

Llegamos, nos adecentamos, y marchamos al musical. Yo, en un intento de ser precavida y por si mi inglés me fallaba, decidí comprarme el libro en Madrid, pero ni siquiera llegué a terminar el segundo capítulo. Así que, ahí iba yo "tó" valiente, con mi pobre comprensión oral, sin querer tirar de los conocimientos del filólogo inglés que me acompañaba (que al final tuve que hacerlo, claro). 

No es postureo, de verdad quería leerlo
Hay una cosa que he aprendido después de varios intentos: soy incapaz de disfrutar un musical si no estoy en platea. Los que me conocen saben que me encantan, pero no puede ser casualidad que justo aquellos que he visto desde palcos en las alturas hayan sido los que más me hayan aburrido. Llamadme exquisita.  Así que como nuestro presupuesto era escaso, ya podéis imaginar lo que pasó. De todos modos, a pesar del frío que hacía (ya hablaré de la manía que tienen en ese país por los puñeteros aires acondicionados) y del cansancio extremo, conseguimos disfrutar del musical. En relación a esto, aquí os dejo otro de mis tips: si queréis ver algún musical en NY, y no os importa el que sea, en Times Square hay puntos donde venden entradas para el mismo día a precios muy rebajados. Nosotros queríamos ver este en concreto y para ese día a esa hora, así que no optamos por esa posibilidad. 

Mucho frío y bastante sueño, pero aún nos quedaba una última parada: cena en Carmine's. Parece ser que es un lugar muy conocido, y vaya que sí. Famosos son sus espaguetis con albóndigas, pero más aún las raciones desproporcionadas (y precios elevados aunque bastante acorde con la cantidad). Con un plato de esos espaguetis cenan 5-6 personas (depende de la capacidad estomacal de los susodichos). Nosotros pedimos que por favor nos lo pusieran para llevar, y con eso cenamos unos días después como unos señores. Doggy-bag, una buena aliada en nuestros días neoyorkinos.

Spaguettis con albóndigas de Carmine's. "Oiga, voy a explotar, gracias"

Dábamos por terminado aquel día, por fin. Bueno, nos esperaba un poco de descanso al día siguiente. Pasear por Central Park y escapar un poco del estrés de la ciudad siempre es un placer.

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