miércoles, 22 de junio de 2016

Brooklyn, un barrio por descubrir

No entraba en los planes, o al menos de manera inicial. Pero, como ya indiqué en el anterior post, nos "sobraba" tiempo para hacer lo que queríamos hacer. Demasiado pronto para simplemente cruzar a Brooklyn e ir a cenar a un italiano que estaba justo al lado del puente (ya luego os digo el nombre, "no preocuparse"). Por tanto, decidimos explorar un poco el barrio. 

Primero, cruzamos el puente de Brooklyn, el famoso puente de Brooklyn. Parece tarea sencilla, pues, ya me diréis, qué tiene de peligroso cruzar un puente como ese. Sin embargo, existe un tipo de fauna peligrosa bien conocida por muchos: los ciclistas. Si ya los temo en Madrid, no os cuento allí. Van a toda leche, sin frenar, y si te pones en medio, adiós majo. ¡Vimos más de un amago de atropello! Segundo, el tema de las fotos. ¡Cómo no te vas a hacer fotos en el puente! Pues suerte, amigo. Si no hay ciclista a punto de atropellarte, hay un tío vestido de budista o miles de turistas (como tú) que entorpecen tu misión. Si consigues una foto en la que no salga absolutamente nadie, ya has conseguido mucho. Eso sí, cuenta con que vas a tardar en cruzarlo cosa de 40 minutos entre pitos y flautas. Las vistas desde allí son bastante espectaculares, sobre todo a medida que avanzas hacia Brooklyn y vas dándote la vuelta de vez en cuando: el skyline se va dibujando en el horizonte poquito a poco. 

Puente de Brooklyn
Manhattan desde Puente de Brooklyn
Puente de Manhattan desde Puente de Brooklyn

Una vez en el otro lado y admirado el increíble paisaje urbano, decidimos hacer la foto de rigor en el DUMBO (Down Under the Manhattan Bridge Overpass), concretamente en Washington Street, desde donde uno puede admirar esta bella imagen del puente de Manhattan y el Empire State al fondo. Algún cinéfilo se percatará que es el escenario del cartel de Once upon a time in America. MA-RA-VI-LLA.
Puente de Manhattan desde Washington St, en el DUMBO, Brooklyn

Llueve. "¿Vamos a un bar? - "¿Estamos en Nueva York y me voy a pasar una tarde metida en un bar? Caminando que es gerundio". Y hale, paseíto hasta el Barclays Center, estadio deportivo, durante más de media hora. Paramos en un bar llamado St. Gambrinus, que pillaba de camino y que está bastante bien. No recuerdo si fue ahí o en otro de los miles de bares a los que fuimos que descubrí la cerveza Samuel Adams. ¡OH! Placer absoluto. Y yo que soy de esas a la que no le van las cosas raras y no sale de su Mahou y poco más, admito que esta es un auténtica delicia. ¡Gran revelación!

Brooklyn no es tan feo como lo pintan en las películas y en las series americanas. Acostumbrada a que la calificaran como el horrible fin del mundo en Sexo en Nueva York y Gossip Girl (tengamos en cuenta qué tipo de series son estas, por favor), me esperaba algo mucho peor. Querría ver yo a estas snobs en Manoteras, ¿eh, Blair?

Blair Waldorf, Gossip Girl
Con esta visión distorsionada de la realidad, me imaginaba un sitio inhóspito, y sin embargo el barrio tiene encanto y personalidad, alejado del estrés y las multitudes de Manhattan. Un barrio por descubrir en el que están surgiendo propuestas culturales muy interesantes que me habría gustado conocer un poco más. De hecho, el Brooklyn Museum es el segundo más grande de la ciudad. Ojo ahí. Cuando vas tan apurado de tiempo, tienes que sacrificar algo. Apuntado para la próxima visita, sin falta. 

De vuelta al puente, caminamos otra media hora larga bajo la amenaza de lluvia y un frío bastante insoportable. Pero cuando llegas y ves el skyline al atardecer, se te pasan todas las penas y dolores. Creo que no puedo describir esto con palabras, así que para eso están las imágenes.  Hablan por sí solas. 




He de decir que el cansancio del primer día me pudo y se me puso muy mal cuerpo a la hora de la cena. Sin embargo, fuimos a Grimaldi's, un sitio italiano en el que ponen unas pizzas que te quieres morir de buenas, muy recomendado. Esto me resucitó un poco, pero admito que lo que primero pensé nada más levantarnos de la mesa para irnos fue que para cuándo la teletransportación. Seguidamente pensé que necesitaba un taxi. *Miramos la cartera*. "Creo que podemos aguantar yendo en metro, ¿no?".

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