martes, 14 de junio de 2016

Lower Manhattan, ese mini-gigante

Bip, bip, bip...Ya sonó el despertador. ¡Aaarrriba! Comenzaba nuestro primer día de aventura neoyorkina como tal, así que no nos costó mucho levantarnos (sólo un poco, que la paliza del día anterior fue épica,...pero no la peor, ya lo veréis). 

Ese día decidimos desayunar en un Dunkin' Donuts (como en España no hay, ¿sabes?) y nos estrenamos con una caja de 6 donuts que entraron maravillosamente acompañados por un café. Con lo fácil que habría sido coger un cartón de leche y unos cereales el día anterior en el store de la esquina, el típico chino que allí no está regentado por chinos sino por hindús o paquistaníes. Pero bah, por una vez...
Sí, hay uno mordido, ¿qué pasa?
Había hambre...


El plan para ese primer día era ver casi lo más característico de esta ciudad, pero probablemente lo menos vistoso: la Estatua de la Libertad. Y cómo íbamos a ir si no en el señor metro: el metro de Nueva York. Dedicaría un post entero a esto, pero ¿sabéis qué? Que en los diez días que estuve allí no llegué a comprender el funcionamiento de las líneas ni los horarios de los trenes, así que no podría explicaros en qué consiste, lo reconozco. En este aspecto confié en Jorge, que creo que se lo aprendió del todo unos días antes de marcharnos, y todo gracias a nuestra host Natalia, que nos lo pudo explicar más o menos en español, pero eso no quitó que dejáramos de preguntar a los compañeros-viajeros para cerciorarnos de que ese tren paraba en nuestra estación. Todos tenemos ese amor propio que nos hace pensar "no no, yo esto lo entiendo de sobra, no puede ser tan difícil", pero no, acabas cayendo desesperado y maldiciendo a todo lo que se te ocurre: ¿¿¿PEEROOO PORRR QUÉEE NO PARAAAA????? Línea 1, 2, 3...C, D...dowtown, uptown, express, local... mira, de verdad, así no, ¡ASÍ NO! Eso sí, en las estaciones hay wifi gratis. It's something.

En fin, después de este breve inciso sobre el sistema de metro más complicado del mundo (¡y pensaba que el de Londres era difícil y sólo me confundí una vez!), continúo con nuestro viaje. Cuando planeamos esta visita, se nos plantearon dos opciones. Una de ellas era ir en ferry (de pago) a la isla de Ellis y subir a la corona de la estatua por unos 30$ (que me corrija Jorge si me equivoco), y, si nos apetecía, ver el Inmigrant Museum, y poco más. Pero nos quedamos sin entradas online para subir a la corona, así que optamos por la segunda opción, que fue la que más gente nos recomendó: ir en ferry gratis a Staten Island.

Statue of Liberty, desde el ferry

Llegamos a Battery Park para coger el ferry y eso parecía la puerta de El Corte Inglés antes de abrir el primer día de rebajas. Una vez abierta la puerta, aquello es "tonto el último". Tampoco hace falta correr para coger un buen sitio, pero sí ser un poco 'avispao'. Subimos a la planta de arriba y nos pusimos en el lateral derecho, desde el que se puede ver la estatua (a la vuelta en el izquierdo, obviamente). En un trayecto de aproximadamente media hora te da tiempo a hacer 80 fotos a la estatua y a la isla de Manhattan mientras te pegas con los otros 50 turistas que tienes a tu lado y, si puedes, a respirar un poco de aire puro. Quitando la incomodidad de los palos selfie, es un viaje muy agradable. Una vez llegas a Staten Island, se procede a hacer como cuando te equivocas de parada en el metro y tienes que cambiar de andén, lo mismo, a coger el ferry de vuelta por el otro lado, y otra media hora de camino. Lo bueno es que salen cada media hora, y como cada trayecto es media hora clavada, cuando el ferry llega a su destino ya está listo otro para regresar, por tanto no tardas más que una hora en ir y volver. No debe de ser una idea tan disparatada cuando ves que no eres el único (idiota) que lo hace; los 50 turistas con los que te pegabas a la ida también están a la vuelta. Era curioso distinguir a los residentes que también cogen esos ferries, con cara de estar más que hartitos de la misma dinámica todos los días a todas horas, sentados en los asientos interiores escuchando música y absortos con su teléfono móvil. 
 
Manhattan, desde el Ferry

De vuelta a la isla de Manhattan, procedimos a explorar Battery Park y a hacer unas cuantas fotos,..unas muchas...unas bastantes. ¡Es que las vistas merecen la pena! Caminamos por el distrito financiero, nos pegamos con los asiáticos para hacer una foto al Charging Bull, que por cierto, pienso, ¿habrá algún momento del día en que ese toro pueda respirar? ¿Qué habrá hecho ese toro en otra vida para vivir en esta rodeada de fanáticos constantemente? ¡Qué obsesión! Como dice Jorge, las postales en las que sale sólo el toro tienen que ser un fotomontaje. Pero yo soy más partidaria de pensar que para hacer la foto tuvieron que cercar la zona, como una escena del crimen, o mejor, rodeada de escoltas y todos los asiáticos chillando alrededor como los fans de Justin Bieber cuando le ven pasar en un coche con lunas tintadas. 

Charging Bull, sin asiáticos
Continuamos la ruta por el Lower Manhattan por Wall Street, Federal Hall...y al World Trade Center Site, el memorial del 11S. Es entrar en esa zona y parecer que el tiempo y el barullo se detienen. Sólo se escuchan murmullos y el ruido del agua de las cascadas de los estanques. Reina un áurea de solemnidad y respeto que es digno de admirar. No entramos al museo, para qué, yo sólo con ver aquello ya me había estremecido lo suficiente. Me sorprendió su elegancia, su buen gusto, su discrección. Ostentoso, sí, pero con mesura. Y cargado de mucho simbolismo. Imposible que no se te pongan los pelos de punta. 






A pocos metros ahí está, la One World Trade Center. Jorge quería subir, pero para qué subir a tanto rascacielos cuando ya teníamos pensado subir a dos, ese podía esperar para otra ocasión. Justo detrás, la nueva estación de Calatrava, aún por terminar, y que tanto debate suscita, como todo lo que hace este señor. A mí, me gusta. 

Bueno, ¡llega la hora de comer! Por recomendación de un amigo, fuimos a Umami. Hay varios en la ciudad, pero nosotros fuimos al de Battery Park, dentro de un centro comercial. Nuestro veredicto fue claro: una de las mejores hamburguesas EVER! ¡Así que más que recomendadísimo! 

Mala pinta la hamburguesa del Umami, ¿eh?

Para bajar un poco la comida, un paseíto para ver la estación de bomberos de la película de Los Cazafantasmas...ups, ¡estaba andamiado! Primer chasco del viaje. No sé si fue antes de aquello o después, pero paramos a tomar algo en uno de esos diners super-hiper-típicos de las películas (a ver Bea, allí todo es de película), y pedimos unos cafés y un brownie del infierno de lo grande que era (según Jorge buenísimo). Apunte: Square Diner.  

Lamentando que la estación estuviera andamiada
Otro de los lugares más emotivos del día se encuentra en Broadway esquina Fulton Street: la Saint Paul Chappel, lugar donde se realizó la misa del juramento como presidente de George Washington. Sobrevivió a los ataques del 11S y se convirtió en un centro de resistencia y de apoyo a las víctimas. Ahora hay una exposición de diversos objetos personales e imágenes y mensajes de apoyo, que honra tanto a las víctimas como a los bomberos y a todas esas personas voluntarias que se movilizaron durante la tragedia. Además, custodian una campana, Bell of Hope, en recuerdo a los que cayeron ese día, regalada por la ciudad de Londres en 2002. La hacen sonar cada 11 de septiembre, como reza la cartela, "simbolizando el triunfo de la esperanza sobre la tragedia".

Bell of Hope, con un cementerio

El plan iba sobre ruedas, habíamos visto casi toda la zona, el City Hall, el New York City Comptroller, el tribunal supremo, etc...Parece que no, ¡pero el Lower Manhattan es un mini-gigante! Íbamos muy bien de timing, así que decidimos que por qué no hacíamos tiempo en Brooklyn. Y allí que fuimos, pero nuestra aventura en Brooklyn y todo lo que vino después ese día, ¡os lo contaré en el próximo episodio! Tardaré menos que esta vez, ¡I promise!

2 comentarios:

  1. La tropa que vamos ha decidido comprar el 3 day pass para entrar sin pagar en todos los sitios. ¿Lo hicisteis vosotros? ¿vale la pena?

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    1. Nosotros vimos el NY City Pass, que te da acceso a 5 sitios sin hacer cola, pero no lo cogimos porque yo podía entrar gratis a los museos con un acompañante, así que ya por eso no compensaba. Pero creo que está bien, sobre todo si vais en temporada alta, por el tema de no tener que hacer filas. En cambio, si el que habéis visto es para 3 días, tenéis que tenerlo todo muy estudiado, porque igual tienes que ir galopando a los sitios solo por aprovecharla al máximo,...es cuestión de hacer cálculos (y no lo digo sólo por NY, les pasa a muchos turistas que vienen aquí con la Madrid Card,que también es por días..).

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