La tarde que compramos los
billetes de avión aún no me lo creía del todo. “Bea, ¡nos vamos a Nueva
York!”, me decía Jorge.
“Nos vamos a Nueva York”- me repetía mentalmente- “nos vamos a Nueva
York”.
Pero nada. Al principio pensaba que se debía a lo mucho que faltaba para
hacer
las maletas, seis meses ni más ni menos. Pero era más que eso. ¡IBA A IR
A
NUEVA YORK! ¿Cómo podía ser capaz de asimilar que por fin iba a cumplir
uno de mis deseos desde hace años? Demasiado bonito para ser verdad.
Dos
días antes de coger el vuelo ya
empecé a notar los síntomas de los nervios. Y el mismo día, a solo unas
horas para
ir al aeropuerto, todavía no tenía muy claro si tenía todo listo. Quería
que
fuera el viaje perfecto, que nada me lo estropeara. Contratamos todo
tipo de
seguro de viaje y hasta le pedí a una amiga que su celebración de
cumpleaños
no entrañara nada de riesgo, no me fuera a desgraciar. “¿Paint-ball,
dices? Eh…¿Qué tal si mejor nos metemos en una vitrina?”. Fuimos a los
bolos y
todavía me sorprendo de que no se me cayera una bola en el pie o algo
similar.
Una vez en Adolfo Suárez Madrid Barajas,
facturamos las maletas (13 kilos cada una, ¡qué bien nos hemos portado!), procedimos a
realizar los interminables controles y, posteriormente, a comer una pasta que
tenía peor pinta de lo que sabía. Sin saberlo, comenzaba allí una semana y media en la
que se nos iba a olvidar todo vocabulario en inglés relacionado con una dieta
sana y saludable…y en español también.
![]() |
| ¡Allá vamos! |
Ocho horas de vuelo que fueron
como cuatro a pesar de que no pude dormir muy cómodamente. ¡Pero quién quiere
dormir cuando sabe que va a ir a la ciudad que nunca duerme! Una vez
aterrizados, ya empecé a convencerme de que me encontraba en terreno americano: un
control con una cola de 400 personas (sin exagerar ni "ná") para entrar al país. Mi turno:
-
First time in New York?
-
Yes, Sir!
-
Where are you staying at?
-
At an appartment in Harlem, by AirBnb
-
That’s great. Fingers on the screen
(¡Sí, señor policía!)
-
Look to the camera
(Toma foto del
infierno, me río de las de vuestros DNI’s)
Fichada, y a correr. La conversación fue más
larga (y a lo mejor no fue exactamente así), pero vamos a obviar todos mis “sorry what?”. El señor agente hablaba
español, pero en este tipo de situaciones estas personas prefieren seguir
hablándote en inglés por algún motivo. ¿Alguien sabe si es que tienen prohibido
hablar en español o algo así? Dudo que lo hagan para alentarme en mi aprendizaje
de la lengua de Shakespeare.
Cabe destacar que en este
escenario fue donde vimos a nuestro primer (y único) famoso durante nuestra
estancia en los “estates”: Claire Danes. Todavía tenemos algunas dudas de que
fuera ella realmente, pero si no era ella tiene un doble exacto en el país, que
lo vaya sabiendo.(Añado foto, que para mi asombro, hay gente que no sabe quién es. ¿Es que no habéis visto Homeland o qué?)
![]() |
| Claire Danes (Carrie Mathison en Homeland y Julieta en Romeo y Julieta de Baz Lhurmann). |
Después de recoger maletas y
esperar la cola para coger un taxi, vamos dirección Manhattan. Sí, sabemos que
hay metro desde el JFK, pero siendo las 21.00 un lunes, igual nos veíamos a las
23.00 con las maletas en la calle, o lo que es peor, con unos hosts enfadados cuchillo en mano. Y a
pesar de los 60$ que costaba el trayecto, fue una buena elección.
Estaba en uno de esos taxis amarillos
de las pelis, con su pantalla moderna que anunciaba el tiempo y emitía anuncios,
su “datáfono”, y la licencia del taxista hindú en el cristal que nos separaba
del mismo. Era de noche y solo se veían edificios grises y coches, más coches.
Hablábamos animadamente, lo que nos permitía el cansancio. Mientras cruzábamos
el puente, Jorge me dijo: “Mira Bea”. Y de repente ahí apareció. Manhattan de
noche, Manhattan iluminada. Frank Sinatra de repente sonaba en mi cabeza y mis
ojos querían llorar. Mi primera auténtica estampa de la isla. “Ahí estás,
pedazo cabrona”.
![]() |
| Manhattan de noche, la isla iluminada |
Esta foto no es mía, solo una
aproximación de lo que vi desde ese taxi amarillo como los de las pelis. No sabía
dónde
estaba mi cámara, y mi móvil no podría más que estropear esa visión. En
sólo un
segundo experimenté miles de emociones y por fin era plenamente
consciente: estaba en Nueva York…”¡Bea, estás en Nueva York!”. Petrificada, solo pude decir “¡Que
guay!”, como una adolescente a la que se le corta el habla cuando ve al
chico
que le gusta.
A partir de ese momento, todo lo
que veía era cercanamente extraño. Jorge hizo una referencia a un local que
habíamos visto en una película recientemente, New York, I love you, y no pude menos que sonreír otra vez (¿acaso
había dejado de hacerlo?), me encantan esos pequeños detalles, sobre todo
porque para mí había pasado completamente desapercibido.
El taxi nos dejó en la puerta, tras media hora de camino, y
nuestro primer conflicto fue con el telefonillo del portal. Después de un par
de minutos intentando averiguar cómo narices funcionaba ese aparato del
infierno, el azar nos ayudó y conseguimos timbrar al apartamento de la tercera
planta…sin ascensor. No digo más, ¡aggg! Clement nos esperaba en la puerta: un
chico negro, alto, fibrado (como buen bailarín profesional que es) y con un
marcado acento que no sabría ubicar. Sentada en el sofá estaba Natalia,
colombiana, muy mona y siempre con una sonrisa en la cara. Primera norma: los
zapatos se dejan en la puerta: “New York is very busy, you know…”. Unos vasos de agua
neoyorquina, un breve descanso, y a ver la casa: un salón lleno de objetos decorativos,
fotos, libros,… ¡y sin televisión!; una cocina americana moderna con nevera y
microondas XXL, lavavajillas y despensa; un baño…dejémoslo en “un baño”; un par
de estanterías colocadas estratégicamente en el pasillo para darte todo el piño
por la noche cuando vas al baño (no lo digo por nadie…ejem); y nuestro
dormitorio, una cama doble básica, una mesa, un armario con cuatro perchas
(cuatro, literalmente), y una cómoda con cajones en los que fuimos colocando todas nuestras
pertenencias, unos con más orden que otras.
Habíamos cenado en el avión y no
demasiado mal, la verdad. Me sorprendió que la comida no fuera repugnante, como
es habitual (Air Europa, ahora molas). Así que tal cual llegamos nos fuimos a
dormir, nos esperaba una jornada muy larga al día siguiente: el primer día
explorando Manhattan, el verdadero comienzo de la aventura. Hasta mañana,
Statue of Liberty.
- 4th Junio
2016 - 04
B-NewYorker // Episode 1: First time in New York? Yes Sir
La tarde que compramos los
billetes de avión aún no me lo creía del todo. “Bea, ¡nos vamos a Nueva
York!”, me decía Jorge.
“Nos vamos a Nueva York”- me repetía mentalmente- “nos vamos a Nueva
York”.
Pero nada. Al principio pensaba que se debía a lo mucho que faltaba para
hacer
las maletas, seis meses ni más ni menos. Pero era más que eso. ¡IBA A IR
A
NUEVA YORK! ¿Quién podía ser capaz de asimilar que por fin iba a cumplir
uno de sus deseos desde hace años? Demasiado bonito para ser verdad.
Dos días antes de coger el vuelo ya empecé a notar los síntomas de los nervios. Y el mismo día, a solo unas horas de ir al aeropuerto, todavía no tenía muy claro si tenía todo listo. Quería que fuera el viaje perfecto, que nada me lo estropeara. Contratamos todo tipo de seguro de viaje y hasta le pedí a una amiga que su celebración de cumpleaños no entrañara nada de riesgo, no me fuera a desgraciar. “¿Paint-ball, dices? Eh…¿Qué tal si mejor nos metemos en una vitrina?”. Fuimos a los bolos y todavía me sorprendo de que no se me cayera una bola en el pie o algo similar.
Una vez en Madrid Barajas Adolfo Suárez, facturamos (13 kilos cada maleta, ¡qué bien nos hemos portado!), y procedimos a realizar los interminables controles y, posteriormente, a comer una pasta que tenía peor pinta de lo que sabía. Sin saberlo, comenzaba allí una semana y media en la que se nos iba a olvidar todo vocabulario en inglés relacionado con una dieta sana y saludable…y en español también.
Dos días antes de coger el vuelo ya empecé a notar los síntomas de los nervios. Y el mismo día, a solo unas horas de ir al aeropuerto, todavía no tenía muy claro si tenía todo listo. Quería que fuera el viaje perfecto, que nada me lo estropeara. Contratamos todo tipo de seguro de viaje y hasta le pedí a una amiga que su celebración de cumpleaños no entrañara nada de riesgo, no me fuera a desgraciar. “¿Paint-ball, dices? Eh…¿Qué tal si mejor nos metemos en una vitrina?”. Fuimos a los bolos y todavía me sorprendo de que no se me cayera una bola en el pie o algo similar.
Una vez en Madrid Barajas Adolfo Suárez, facturamos (13 kilos cada maleta, ¡qué bien nos hemos portado!), y procedimos a realizar los interminables controles y, posteriormente, a comer una pasta que tenía peor pinta de lo que sabía. Sin saberlo, comenzaba allí una semana y media en la que se nos iba a olvidar todo vocabulario en inglés relacionado con una dieta sana y saludable…y en español también.
- 4th Junio
2016 - 04
B-NewYorker // Episode 1: First time in New York? Yes Sir
La tarde que compramos los
billetes de avión aún no me lo creía del todo. “Bea, ¡nos vamos a Nueva
York!”, me decía Jorge.
“Nos vamos a Nueva York”- me repetía mentalmente- “nos vamos a Nueva
York”.
Pero nada. Al principio pensaba que se debía a lo mucho que faltaba para
hacer
las maletas, seis meses ni más ni menos. Pero era más que eso. ¡IBA A IR
A
NUEVA YORK! ¿Quién podía ser capaz de asimilar que por fin iba a cumplir
uno de sus deseos desde hace años? Demasiado bonito para ser verdad.
Dos días antes de coger el vuelo ya empecé a notar los síntomas de los nervios. Y el mismo día, a solo unas horas de ir al aeropuerto, todavía no tenía muy claro si tenía todo listo. Quería que fuera el viaje perfecto, que nada me lo estropeara. Contratamos todo tipo de seguro de viaje y hasta le pedí a una amiga que su celebración de cumpleaños no entrañara nada de riesgo, no me fuera a desgraciar. “¿Paint-ball, dices? Eh…¿Qué tal si mejor nos metemos en una vitrina?”. Fuimos a los bolos y todavía me sorprendo de que no se me cayera una bola en el pie o algo similar.
Una vez en Madrid Barajas Adolfo Suárez, facturamos (13 kilos cada maleta, ¡qué bien nos hemos portado!), y procedimos a realizar los interminables controles y, posteriormente, a comer una pasta que tenía peor pinta de lo que sabía. Sin saberlo, comenzaba allí una semana y media en la que se nos iba a olvidar todo vocabulario en inglés relacionado con una dieta sana y saludable…y en español también.
Dos días antes de coger el vuelo ya empecé a notar los síntomas de los nervios. Y el mismo día, a solo unas horas de ir al aeropuerto, todavía no tenía muy claro si tenía todo listo. Quería que fuera el viaje perfecto, que nada me lo estropeara. Contratamos todo tipo de seguro de viaje y hasta le pedí a una amiga que su celebración de cumpleaños no entrañara nada de riesgo, no me fuera a desgraciar. “¿Paint-ball, dices? Eh…¿Qué tal si mejor nos metemos en una vitrina?”. Fuimos a los bolos y todavía me sorprendo de que no se me cayera una bola en el pie o algo similar.
Una vez en Madrid Barajas Adolfo Suárez, facturamos (13 kilos cada maleta, ¡qué bien nos hemos portado!), y procedimos a realizar los interminables controles y, posteriormente, a comer una pasta que tenía peor pinta de lo que sabía. Sin saberlo, comenzaba allí una semana y media en la que se nos iba a olvidar todo vocabulario en inglés relacionado con una dieta sana y saludable…y en español también.



Que guay Bea, Daniel y yo junto a Mar y sus hijos nos vamos a NY en julio también.
ResponderEliminarSoy George, no María obviamente
ResponderEliminarHey, George, qué guay! Pues me dais mucha envidia porque yo quiero volver!! No hay ninguna duda, lo vais a pasar FE-NO-ME-NAL! Ya seguiré contando cositas por aquí, me alegra mucho que me hayas leído! :-) ¡Besos!
Eliminar