miércoles, 20 de julio de 2016

Central Park, Bryant Park, Queensboro Bridge...Qué maravilloso, ¿no?

Nos merecíamos un poco de relax. Era el día de dejar de lado los museos y alejarnos del estrés y el agobio de la ciudad para dar un paseo por el Central Park, qué maravilloso, ¿no?

Ya sabréis que este famoso parque, situado en el corazón del uptown, es una cosa realmente inmensa y que vérselo entero en sólo una mañana es tarea imposible. Así que decidimos ir a ver las cuatro cosas más "importantes": la fuente de Bethesda, el Literary Walk (por deseo de aquí el filólogo, había que ver al "tío Will"), la estatua gigante de Andersen, la de Alicia en el País de las Maravillas (como siempre, haciendo cola para conseguir sacar una foto), y entre otras cosas, el Strawberry Fields, monumento a John Lennon, quien fue asesinado en las cercanías del parque. En esta zona, atestada de gente, suele haber músicos interpretando canciones suyas y de los Beatles. Para aquellos que pueden llegar a abstraerse de las multitudes y del, probablemente, desvirtuado homenaje, es posible conseguir estremecerse mientras se escucha "imagine all the people... living for today...".

Central Park rules!!
Vista de la Fuente de Bethesda
Detalle del Strawberry Fields
Alicia en el País de las Maravillas
Decidimos descansar un rato tumbados en una de las múltiples zonas verdes del parque...Yo, después de haber estado en el Green Park o el Hyde Park de Londres, he de admitir que este no deja de sorprender. ¡Una pasada! Me habría gustado explorar un poco más, adentrarme en los rincones más escondidos, ir con la calma, al anochecer, y rememorar ese baile de Cyd Charisse, ataviada con ese vestido blanco, y Fred Astaire en The Band Wagon... Ay, la magia y la elegancia de los clásicos...


Volviendo a los últimos años, justo al lado de la fuente de Bethesda es donde se desarrolla uno de los puntos clave de Gossip Girl, donde tiene lugar la boda de Chuck Bass y Blair Waldorf. Perdón por el spoiler. 

Central Park es parada obligatoria. Ahí puede pasar de todo, incluso encontrarte con un espectáculo de piruetas de mano de una panda de chicos tan talentosos como divertidos. Sí, uno de esos en los que te alejas para que no te cojan de "voluntaria" para saltarte por encima y hacerte algún chascarrillo que, sin lugar a duda, no vas a entender.

Después de desconectar un poco del caótico mundo neoyorkino, volvemos a la jungla. Fuimos a la Grand Central Station, vimos por fuera la Biblioteca Pública (me recomendaron encarecidamente entrar, pero íbamos más que pelados), y pasamos por Bryant Park. Lo digo, quiero un Bryant Park en mi vida. Estaba tan alucinada e íbamos tan de paso que ni hice fotografías, pero os cuento: es un parque situado junto a la biblioteca, en el que la gente bien se reúne para comer con amigos en alguno de los restaurantes que lo rodean, o bien se toma un tentempié en soledad o acude a una mini-biblioteca que permite leer al aire libre mientras se toma el sol. Es maravilloso. Eso sí, hasta arriba en hora punta. Este día tuvimos que comer en un Pret a Manger, que ya bien conocía de mi experiencia londinense.

Grand Central Station

New York Public Library (Biblioteca Pública de Nueva York)
Bryant Park (imagen: Wikipedia)

Más cosas: compras, tocaba comprar. Jorge quería ir a la NBA Store a por la camiseta oficial de Kobe Bryant, y después de pensárselo un poco porque el precio no era el que esperaba ("Jorge, si no te la compras te vas a arrepentir), la cogió y nos fuimos a seguir con la ruta. Después de ver el edificio de la ONU, al que puedes acceder previo pago de entrada y el cual nosotros obviamos, fuimos a Sutton Place para ver el puente de Queenboro e intentar imitar el famoso cartel de Manhattan, de Woody Allen. Descansito en Sutton Bar Room para una Sam Adam's, y a seguir caminando, que unas horas después nos esperaba el Madame Tussaud's, el famoso museo de cera. 

Imagen de Manhattan. No conseguimos banco, ni que nadie nos
la hiciera, así que la nuestra no quedó como esperábamos


Como íbamos con tiempo, fuimos a Times Square y entramos en Tonic Times Square, uno de esos bares con Happy Hours que te ofrecen dos cervezas a 10$, que acabas picando y dices"madre mía qué chollazo", pero no, siempre es un engaño: Budweiser. Después de beber una cerveza no especialmente deliciosa en un local con la música a tope y la luz tenue ("¿Pero qué hora es? ¿ Las 2 de la mañana?"), nos vamos ya al museo con toda la calma.

Pasamos al hall del Madame Tussaud's y..."Bea, ¿llevas tu la bolsa de la NBA?" - "Yo no llevo nada" - "Me caaaago....¡¡¡me la he dejado en el bar!!!". Y ahí me quedé, cual Auriga de Delfos, hierática y con su mochila en la mano a la espera de su vuelta y de que encontrara la bolsa sana y salva...¡y con la camiseta de Kobe dentro! 

*Esta referencia freaky merecía la imagen.
Aquí el "Auriga de Delfos", escultura griega del siglo V

Al rato recibo un WhatsApp: una foto de la band que se había comprado el día anterior, con la pantalla rota. Glup... ¡Pero había recuperado la camiseta! Cuando volvió, fatigado, me contó la historia: llegó al bar del infierno en cuestión y en el lugar donde estabamos sentados había un par de chicas que le dijeron que le habían dado la bolsa a la camarera...¡Viva la buena gente! Pero...¿qué había pasado con la band? Es lo que tiene ir corriendo por Times Square, que estaba en obras y, como siempre, lleno de miles de personas, que te tropiezas y acabas hecho un Cristo...En fin, podéis imaginaros como acabó el pobre, tanto física como moralmente. El pobre me dice que en el momento en el que se cayó, vio la band rota, y pensó que no recuperaría la camiseta, tuvo ganas de gritar y maldecir ese día para siempre. Aunque al menos una cosa le saliera bien, basta decir que su experiencia en el Madame no fue tan divertida como podía haber sido. Aunque también he de decir que el Tussaud's de Nueva York deja bastante que desear frente al de Londres, a pesar de ver una película con efectos 3D, tener toda una colección de figuras de Marvel (que a mí ni me van ni me viene), todos los James Bond de la historia (¡viva Timothy!), las Spice Girls, Don Draper (sí, nos hemos enganchado a Mad Men y nos encanta a los dos), Johnny Depp, Charlie Chaplin y Lenny Kravitz, entre otros (variadito por lo menos). 

Uy Don, ¡qué guapo vienes hoy!

Fue realmente duro elegir aquí
Siempre, Charlot!
Igualitos
El nuevo Kobe contra Carmelo Anthony

Si hay algo que destacar de la personalidad de Jorge es que siempre intenta estar de buen humor a pesar de las circunstancias. Así que a pesar de todo consiguió disfrutar de la visita y, con la misma sonrisa, tener ganas de ir a cenar al Hard Rock Cafe (ya os digo que a mí se me habrían quitado las ganas de hacer absolutamente nada). En cuanto al restaurante en cuestión, en mi opinión está muy sobrevalorado, al menos en lo que hamburguesas se refiere. Sin duda, la peor que probé durante todo el viaje. Eso sí, tienen reliquias que te quedas alucinando. No podemos negar que, a pesar de todo, el Hard Rock Café es ya todo un mito. 

Después de este duro día, y tras realizar hipótesis de si se podría arreglar o no la band, de si sería posible cambiar la pantalla, de ingeniarnos alguna trama para ir a la tienda Microsoft y contar alguna historia, decidimos que ya era hora de dormir. Que al día siguiente nos íbamos de museos: nos esperaba EL METROPOLITAN!


lunes, 4 de julio de 2016

Esto es Nueva York, la ciudad a mis pies

¡Buenos días! A pesar del palizón de Washington, esa mañana me levanté con especial ilusión...¡íbamos a ir al MoMA! Lo que para algunos es una visita nada imprescindible, para mí este lugar era uno de los "no-sacrificables". 
There we gooo!
El Museo de Arte Moderno (Museum of Modern Art) es un edificio modesto y discreto en 11 W 53rd St, nada ostentoso, así que no te guíes buscando algo que llame la atención. Pero que eso no te engañe, dentro esconde algunas de las mayores joyas del arte contemporáneo. 

De las seis plantas, sólo la cuarta y la quinta son galerías de la colección permanente, el resto se dedican a albergar exposiciones especiales. En la planta baja están las taquillas, guardarropa (casi obligatorio), Información, Audioguías...vamos, lo típico de los museos, pero con una excepción: ¡un jardín de esculturas! Empezamos por arriba del todo, donde encontramos, así, nada más empezar, las Latas de sopa Campbell (1962), del gran Andy Warhol, uno de los máximos referentes del arte Pop originado en los años 60. Y a partir de ahí, todo fue un no parar de alucinar, de emocionarme, de admirar las obras de artistas como Van Gogh, Klimt, Magritte, Rauschenberg, Pollock, Duchamp, Oldenbourg, Yves Klein, Frida Kahlo, Georgia O'Keefe, Edward Hopper, Andrew Wyeth, Salvador Dalí...y cómo no, Picasso y sus Señoritas de Avignon (1907), obra que marcó la transición al cubismo. 

Les demoiselles d'Avignon de Picasso (1907) tiene muchos fans
 
Latas de sopa Campbell, de Andy Warhol (1962)

La rueda encima del taburete, que decía Jorge.
Nombre real: Rueda de bicicleta (tercera versión), de Marcel Duchamp (1903)
 
Christina's World, de Andrew Wyeth (1948)

Casa junto al ferrocarril, de Edward Hopper (1925).
Hitchcock se inspiró en esta pintura para la casa de Norman Bates en Psicosis

Floor cone, de Claes Oldenburg (1962)


Iba yo disfrutando de todas estas maravillas cuando veo a un personaje harto peculiar, ataviado con una corbata "escultórica", esto es, como si se hubiera petrificado una vez el viento la hubiera levantado (no os preocupéis, os adjunto foto). Lleva un letrerito con su nombre en la solapa e intento agudizar mi disminuida visión (a pesar de las gafas) para conseguir leerlo...¿Quién era ese extraño hombre...? ¡Alexander Lynx! Este señor es un reconocido artista estadounidense, pintor y escultor, aunque yo creo que su mejor obra es él mismo. Y ahí estaba, paséandose por el MoMA, museo que debe de considerar su segunda casa.

Os presento al señor Lynx, muy propio
(La foto no es mía, aviso)
Jorge lo disfrutó, a su manera, de muchas cosas, principalmente de todo aquello que se hizo antes de 1950: odia a Jackson Pollock. Tuve que soportar los pertinentes comentarios cuando vimos ciertas obras, derivados de un evidente desconocimiento y de esa incompresión general de esa masa no adentrada en la materia: "Es una rueda sobre una silla", "Eso lo encuentras en cualquier vertedero", etc., etc... Es decir: todo eso que dicen los que no tienen ni pajolera idea. Pero no les culpo. Vamos a ver, que a mí también a veces los artistas me lo ponen difícil y me quedo sin argumentos. Pero bueno, aún así, después de ver todo esto, ¿se me veía feliz o no? Jejeje. 

Nada feliz al salir del MoMA

Tras el museo, paseamos un poco por la ciudad. No sé si lo he dicho ya, seguro que sí, pero en Nueva York todo resulta tan familiar, como si lo hubieras visto miles de veces...Y es que, en efecto, así es. Fuimos a Tiffany's, pero no preguntamos, como ya hizo la señorita Golightly, qué era lo más barato de la tienda. Pasamos por el Hotel Plaza, hicimos fotos, y fuimos a Columbus Circle...e hicimos fotos. ¡Madre mía que hambre! Nos esperaba la segunda hamburguesa del viaje. ¡Vamos allá, Burger Joint!

Este restaurante se encuentra dentro del hotel Le Parker Meridien, tras una discreta cortina roja en donde siempre suele haber cola. El sitio es muuuy pequeño por tanto el sistema es sencillo: haces cola, pides, comes y te vas sin hacer sobremesa. Ese es el ritmo. Es ideal para viajeros o aquellos que quieren tomarse algo rápido y muuuuy rico. La hamburguesa no es de las que mejor pinta tienen, pero es DE-LI-CIO-SA! Para mí fue una de las mejores, si no la mejor. La decoración es muy auténtica, incluso tanto que diría que con los años la decoración ha corrido a cuenta de los propios consumidores, ya que no es raro encontrar pintadas e inscripciones a bolígrafo. Un fundamental. 

Burger Joint
Burger Joint tiene una decoración muy personal



Después de casi salir rodando de allí, decidimos así improvisadamente ir al Top of the Rock, el rascacielos, el edificio Rockefeller. Eran como las 15:30 o por ahí, y no había nadie en la cola. Sin embargo, nos daban entradas para una hora después, así que lo pillamos y aprovechamos a visitar cosas de alrededor, como por ejemplo, Rockefeller Center, 1, 2, 3, responda otra vez: Rockefeller Center, Catedral de St Patrick's, la tienda Lego, la escultura de Atlas sujetando la Tierra, o la piscina de Van Gogh...sí, bueno, dejemos el juego. Esto último era una piscina con forma de oreja, llamada "La oreja de Van Gogh". Yo tampoco lo entendí. 

El cartel, y debajo de esta imagen, la piscina



Hotel Plaza
Rockefeller Center

Rockefeller Center

Escaparate de la tienda Lego. ¡Es como buscar a Wally!

Interior de St. Patrick's
Atlas, justo enfrente de St. Patrick's

La catedral de St Patricks: una maravilla, digna de ser visitada por dentro y por fuera; la tienda Lego: tiene su gracia, está bastante currada y pasas un buen rato; el Rockefeller Center: ¡fundamental! Es centro de muchos eventos, y es el lugar donde ponen la famosa pista de hielo en Navidad. 

¡Llega la hora! Entramos al Top of the Rock y, tras los controles de rigor y un posado para una foto, nos toca hacer un poco de cola. Pero esto se hace corto ya que hay un par de chicos con muucho flow y muy enrollados que empiezan a hablar contigo y te hacen bromas; lo primero que preguntan, "Where are you from?", y a partir de ahí tienen carta blanca para hacer cualquier chascarrillo. Por fin, entramos en el ascensor: "Bea, mira hacia arriba". El techo era de cristal y a medida que subías iba cambiando de color, ¡molaba! Llegas, y, tras intentar desentaponar los oídos, admiras las maravillosas vistas. Dicen que es mejor ir al Top of the Rock de día porque desde ahí puedes ver todo Central Park, y la verdad es que pocas veces he visto algo tan espectacular. Esto es Nueva York, la ciudad a mis pies. Los taxis son como pequeñas hormigas amarillas y las personas como granitos de arena. Es el lugar perfecto para hacer fotos al Empire State, y creedme que el escenario es muy propicio para hacer fotos maravillosas (a la par que típicas). 

Central Park desde las alturas

Esta ciudad tiene esa magia que te permite hacer fotos como esta

¡Mi sueño, cumplido!

Parece sacada de cualquier película, pero no, es mía

Después de tal subidón, volvemos a poner los pies en el suelo y vamos a la tienda Microsoft a cumplir uno de los caprichos del nene: comprarse la Microsoft Band 2, aún no disponible en España y a un precio más asequible del que tendrá cuando la traigan. Es un aparato que además de la hora, te avisa de las notificaciones del móvil, te controla el pulso, los pasos y hasta el ciclo del sueño...¡unas cosas! Una vez adquirido, nos vamos a casa a cambiarnos porque esa noche nos esperaba uno de los musicales más míticos de Broadway: The Phantom of the Opera!

Llegamos, nos adecentamos, y marchamos al musical. Yo, en un intento de ser precavida y por si mi inglés me fallaba, decidí comprarme el libro en Madrid, pero ni siquiera llegué a terminar el segundo capítulo. Así que, ahí iba yo "tó" valiente, con mi pobre comprensión oral, sin querer tirar de los conocimientos del filólogo inglés que me acompañaba (que al final tuve que hacerlo, claro). 

No es postureo, de verdad quería leerlo
Hay una cosa que he aprendido después de varios intentos: soy incapaz de disfrutar un musical si no estoy en platea. Los que me conocen saben que me encantan, pero no puede ser casualidad que justo aquellos que he visto desde palcos en las alturas hayan sido los que más me hayan aburrido. Llamadme exquisita.  Así que como nuestro presupuesto era escaso, ya podéis imaginar lo que pasó. De todos modos, a pesar del frío que hacía (ya hablaré de la manía que tienen en ese país por los puñeteros aires acondicionados) y del cansancio extremo, conseguimos disfrutar del musical. En relación a esto, aquí os dejo otro de mis tips: si queréis ver algún musical en NY, y no os importa el que sea, en Times Square hay puntos donde venden entradas para el mismo día a precios muy rebajados. Nosotros queríamos ver este en concreto y para ese día a esa hora, así que no optamos por esa posibilidad. 

Mucho frío y bastante sueño, pero aún nos quedaba una última parada: cena en Carmine's. Parece ser que es un lugar muy conocido, y vaya que sí. Famosos son sus espaguetis con albóndigas, pero más aún las raciones desproporcionadas (y precios elevados aunque bastante acorde con la cantidad). Con un plato de esos espaguetis cenan 5-6 personas (depende de la capacidad estomacal de los susodichos). Nosotros pedimos que por favor nos lo pusieran para llevar, y con eso cenamos unos días después como unos señores. Doggy-bag, una buena aliada en nuestros días neoyorkinos.

Spaguettis con albóndigas de Carmine's. "Oiga, voy a explotar, gracias"

Dábamos por terminado aquel día, por fin. Bueno, nos esperaba un poco de descanso al día siguiente. Pasear por Central Park y escapar un poco del estrés de la ciudad siempre es un placer.